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Un alfiler
Algo tan simple como un alfiler es, desde el punto de vista industrial, bastante complejo. El alfiler requiere de una cadena de producción de varias etapas, y todo esto solo teniendo en cuenta la forma del alfiler. No tenemos en cuenta la producción de líneas de acero, extruirlo o incluso minar los minerales o reciclar el acero para tener la materia prima.
¿Y la libertad?
En 1776, Adam Smith, usando el ejemplo anterior del alfiler, dijo que una sola persona, haciendo desde cero las tareas para elaborar un alfiler tan perfecto como los que tenemos a día de hoy (en 1776 supongo que eran igual de perfectos, jeje), tomaría el día entero para hacer una sola unidad.
Ahora bien, si diversificamos la complejidad del objetivo en 10 tareas más pequeñas y sencillas y colocamos a 10 personas en cada una de estas tareas, siendo cada uno un experto únicamente en su tarea correspondiente, en una jornada se podrían completar 1000 unidades (con horario de explotación laboral, me imagino).
Lo que Adam Smith dijo refleja bien la pérdida de una libertad humana: la libertad de ser dueños de nuestra realidad en todos sus detalles. Esta libertad no es el hacerlo, sino más bien el poder hacerlo y, desde mi punto de vista, hay 2 limitantes, aunque ambas están ligadas:
La libertad de acceso
Con esto me refiero a la libertad de acceder a un recurso, de conocimiento o material. Esta libertad, en cierto modo y viéndolo de forma teórica como sugestión, no se puede cerrar si el tiempo fuese infinito. Quiero decir: cualquier cosa, con tiempo infinito y siguiendo los pasos adecuados, es alcanzable, y allí entra la segunda libertad.
La libertad de tiempo
Esta es la más limitante. Nosotros somos existencia, pero seres vivientes. Nuestra existencia consciente se limita al periodo de tiempo en el que estamos vivos, puesto que esta consciencia está estrechamente ligada con la vida.
El tiempo limita mucho. En el momento que dije lo del alfiler quería dar un ejemplo a pequeña escala, pero realmente esto se puede visualizar como algo mayor cuando nos vemos envueltos en proyectos gigantes, con multitud de capas y cada una más compleja y/o dependiente que la anterior.
La industrialización y la nueva era de los LLM
Muchas veces me comparan la revolución industrial con la actual revolución de la inteligencia artificial y, concretamente, con los LLM. Los LLM son una categoría de formas de inteligencia artificial, concretamente deep learning complejo.
Los LLM, de forma discreta pero con zancadas largas, nos están, otra vez, quitando libertades humanas: la libertad de pensar productivamente. Aquí, ciertamente, hay que matizar que con «pensar» también me refiero a idear y crear, pero con el uso de la cognición como primera herramienta.
Si esto lo ves de esta forma, el pensamiento productivo pasa de ser una herramienta nativa humana a ser un elemento comercial, con el puente de comercio siendo los LLM entrenados con industrias complejas.
Se puede entender que el comercio de estos modelos LLM frontera comerciales puede ser una limitante económica, pero también los hay que son de código libre o más accesibles de alguna forma. Sin embargo, donde yo quiero llegar es que estos modelos no nos quitan la libertad por no poder acceder a ellos, sino que nos quitan esa libertad de hacer el pensamiento nuestro, pero a la vez siendo algo de valor.
Pensar en cómo mejorar un algoritmo y hacerlo a mano, sin ayuda de LLM, a día de hoy, en algunos ámbitos no tan de nicho, ya es considerado algo primitivo por ser más bien una forma de entretenerte, pero no de dar valor real. Visto desde el punto de vista profesional, es una pérdida de dinero y tiempo.
Todo esto me lleva a pensar hacia dónde vamos con todo esto. ¿Es realmente necesario? Y no solo me refiero a lo práctico, sino también a lo espiritual.
En mi perspectiva más zen, diría que es producto del ego humano. Es la ambición por llegar el primero y ser el mejor, pero el mejor solo atrae diversión hasta que nadie quiere ser el mejor. En ese entonces, también ser el mejor pierde lo que era: nada tiene valor, todo es valorado.